miércoles 12 de agosto de 2009

Pulover


Hace dos o tres noches
una noche que volvia a casa
senti ganas de escribir un poema
ahora que ya perdi tus abrazos.
Un poema sobre regalos
sobre un pulover y una bufanda
un poema sobre los laberintos
y por qué no te gustan las montañas.
Hace dos o tres noches
una noche que volvia a casa
queria abrazarte con un poema
un poema que en la despedida
nos sirviera como abrigo.

sábado 11 de julio de 2009

Luna para sus modales

La pareja, que al momento estaba peleada, vio la luna y no pudo evitar la reconciliación. Abrazados y de la mano, en una complicada pose de enamorados, la chica y el chico salieron a caminar a través de la romántica noche, acompañados por la luz del hermoso satélite.
El asesino dormia en su cama, pero un rayo de luna entró por la ventana y lo despejó. Excitado, se despojó de las frazadas, y se calzó el pantalón, complicado a causa de su erección. Corriéndo ganó la calle, se movió una cuadras y en una esquina esperó.

miércoles 10 de junio de 2009

Test de Personalidad de Facebook

Yo soy un tipo sufrido
que escribe poemas jodidos;
que come brownies re locos
y se disfraza de mina en Domingo.

Yo soy un poeta fingido
que lee a Whitman y amigos;
censuro palabras críticas
y escribo teta y mi ombligo.

David Rojas y Silvia Romero

domingo 3 de mayo de 2009

Les Amants.

He visto la lluvia ... Te lo repeti mil veces y tu empezaste a reir ..

- Enserio la he visto ...

- No amor- , me decias – tu solo la has tocado-

- No enserio la veo , en el mismo momento que se empaña Valparaíso por la ventana ..

Y en ese momento me abrazaste ....

Siempre me has tratado igual , con esa paciencia , con esas ganas de recorrer juntos estos pasajes ..... Al final sabes que soy solo una niña con un lindo gorrito que te encanta bajar ..

miércoles 22 de abril de 2009

Aire como Marta

Una vez que sus ojos se adaptaron a la luz matinal, el viejo Jorge escudriñó a través de las rendijas de la persiana para ver quién era el que molestaba tan temprano: afuera, bajo el sol caliente, estaba parado su vecino, el pibe al que siempre veía vestido con camisa blanca y pantalón de vestir, llevándo una biblia bajo el brazo.
Dudó un momento antes de abrir la puerta, porque no le gustaban para nada los religiosos y porque odiaba tener que salir de su casa. Desde la muerte de Marta, el viejo Jorge se había encerrado y gustaba de estar sentado todo el día en su sillón preferido, fumándo sus Benson y bebiéndo Warsteiner. El viejo Jorge ya no dormía, no pegaba siquiera un ojo en el calor de la tarde de siesta. A pesar del cansancio, luchaba contra el sueño y trataba de utilizar todo el tiempo que estimaba que le quedaba para pensar en Marta. Ninguna distracción, los últimos esfuerzos de sus neuronas, antes de la senilidad, debían ser para ver nuevamente a Marta entrándo con las cervezas en el changuito o haciéndo complicadas cuentas en su estudio mientras protestaba porque el gobierno no le había aprobado un subsidio o por la falta de insumos en el laboratorio. Y pensaba también, al hacer memoria, en sus pies, en su pelo al despertar, las vueltas en la sábana haciéndo el amor de jóvenes y haciéndose cosquillas ya en los últimos años.
Quería volver a su sillón y a sus plácidos recuerdos, pero el evangelista no dejaba de tocar timbre. "Este pibe está decidido a romperme las pelotas. Voy a tener que salir, concha de Dios". Muy a su pesar, rompió la reclusión y salió al molesto encuentro.
- ¿Qué querés? ¿Acaso no tenés reloj? ¡Son las nueve de la mañana! -gritó el viejo Jorge, poniéndo cara de loco a ver si así corría al pibe.
- Disculpe, Don Jorge, no quiero importunarlo. Si quiere vuelvo más tarde.
- ¡Más tarde no! No soportaría verte dos veces en el mismo día hablándo sobre tu amigo Jesús. Además tu camisa es demasiado blanca y me hace mal a la vista. ¿No sabés que en la feria te podés comprar una camiseta de fútbol por veinte pesos?
- Es que no me gusta el fútbol.
- ¿Pero vos sos evangelista o puto?
- Los evangelios nos enseñan que la homosexualidad es un pecado a los ojos de nuestro señor... Además, una vez fui a la cancha. A ver a Billy Graham.
- Grrr... Bueno, desembucha. ¿A qué venís?
- Es que usted es mi vecino y siempre lo veo solo y pensé que Jesús podía hacerle alguna compañía.
- No, te equivocas. Y ahora andate, porque tengo un montón de cosas que hacer.
El muchacho, contrariado, miró al piso y sus labios parecieron ensayar varias razones. El viejo Jorge ya había dado media vuelta y estaba entrándo a la casa, cuando escuchó al pibe chiflar. Se dio vuelta, porque pensó que era para él, pero no, el chiflido era para un perro que a la carrera venía al encuentro del evangelista. El animal saltó sobre el chico y con sus patas le ensució la pulcritud de su atuendo mientras jugueteaban.
- Don Jorge, mire que lindo y juguetón que es Jesús.
- ¡Es un perro!
- Sí. Yo me mudo de barrio, y pensé que usted es la persona ideal para quedarse con mi perro. Es obediente y juguetón.
El viejo Jorge miró al perro con cariño. Por un segundo vislumbró al perro con la mirada de tristeza perdida en la distancia, esperándo al dueño que ya no iba a volver; vio al can empujándo con su pata el plato vacio de balanceado; lo imaginó aullándo al sonar la sirena del cuartel de bomberos sin nadie que lo calme. El viejo Jorge se conmovió y resolvió:
- No pibe, gracias, pero no me quedo con tu perro Jesús. A nadie le deseo extrañar, y a mí me queda poco tiempo antes de volverme aire como Marta.
Se cerró la puerta, se cerró la persiana, y el viejo Jorge comenzó a pensar en su mujer, bebiéndo Warsteiner y fumándo Bensons, fijándo grasas y agujereando sus pulmones con toda intención.

lunes 26 de enero de 2009

Ausencia

Cada vez que mido tu ausencia,
el hueco se achica más y más.
Y eso es lo que más duele,
porque lo busco
y no lo puedo encontrar.

miércoles 12 de noviembre de 2008

Diciembre ayer

Soy un animal a tus deseos
robado
retobado
golpeado
y arrastrado;
encuentro hogares
robo
mato
huyo
camino de costado;
y cuando una mano acaricia mi lomo
denteo
muerdo
bebo la sangre
y vuelvo a tu lado.

sábado 30 de agosto de 2008

Barquito

Me gusta tu cuerpo;
me gusta por delante
y por detrás;
me gusta en sus pechos
y en su popa rompemar.

Me gusta tu cuerpo;
me gusta cuando viene
y cuando se va;
pero mucho más me gusta
cuando te quedás.

martes 26 de agosto de 2008

De Película

* Hecho con Wordle

domingo 10 de agosto de 2008

Romance del tachero

Había una vez un tachero que era muy distinto a los demás tacheros si es cierto que todos los tacheros tienen posiciones de extrema derecha porque este, nuestro amigo, era un amante de la libertad. Aunque claro, había que hilar muy fino para llegar a ver esta verdad, porque nunca dejaba de despotricar contra colectiveros; mujeres al volante; ancianos en cuatrocientos cinco; pelados paseándo cuál domingo; gordas en ciclomotor; albañiles en bicicleta y con una tabla cruzada sobre el portaequipaje; camioneros de Moyano; otros tacheros que no sabían poner luz de giro; el tarado que se pega al paragolpes; la comida bailarina; la tarada del peaje; el pelotudo de Defensa Civil que te desvía por media cuadra; estos del Polo Obrero porque mejor no van a laburar; viejas pelotudas de Recoleta que cruzan la calle sin mirar, qué se creen que son, Mirtha Legrand.
Pero ojo, si bien opinaba que toda esa gente debía engrosar una lista para ser fusilada, era porque le molestaba que coartaran su libertad. El quería ser el mejor taxista, el más rápido, el más veloz.
Entregar a la parturienta en el Clínicas antes de tener que asistirla sobre el asiento trasero con la cámara de Crónica detrás; dejar en la puerta de la Legislatura al político que debía dar quorum para que suban las tarifas del taxi sin importar que el viaje fuera justo un día que había paro de subtes; llevar a Morales hasta el Juan Domingo Perón y rogarle “pibe, hoy meté un puto gol o nos vamos a la B y te recago yo mismo a trompadas”.
Nuestro tachero, hiciera frio, calor; cayeran pedazos de hielo o un meteorito, estaba montado sobre la esterilla, con una mano en volante y la otra repartiéndose entre la palanca de cambios y los Marlboro, siempre presto por acelerar hacia la libertad.
Por eso, nada odiaba más en el mundo, que un semáforo de la 9 de Julio en particular. Allí, cada vez que le tocaba la luz roja, aparecía delante del auto una malabarista. Avanzaba por la senda peatonal con sus clavas en llamas y se ponía a realizar sus juegos peligrosamente cerca del capot mientras su vestido de bambula se apoyaba en cada movimiento y marcaba acá o allá una porción de su cuerpo. El tachero se ponía nervioso, las manos le sudaban, sus dedos tamborillaban sobre el volante. Y el puteaba por dentro, porque no le gustaba llegar tarde a destino. Y no se trataba de que la malabarista fuera a tardar en despejar el camino una vez que las luces del semáforo se movieran hacia el verde, no. El problema es que la chica volvía al resguardo de la vereda y él se quedaba allí, mirándola embobado, mientrás los coches detrás le tocaban bocina y lo insultaban sin parar.

domingo 25 de mayo de 2008

Para Silvia Romero, como propuesta

Desde el fondo del patio,
viene una mujer con la cara rota
e intenta convencerte de todo lo que ya sabés;
tratás de soltarle la mano
pero te la muerde con la fuerza de mil mandíbulas del perro más malo;
tratas de darle de patadas,
pero se pone más firme que pirámide azteca perdida de tres toneladas;
finalmente te resignas a lo inevitable,
rozan sus labios y ya se marcha;
queda esa estela de beso
y de volver a verla,
terribles ganas.

viernes 2 de mayo de 2008

Se necesita su colaboración

Joputa Fernández, hombre de 34 años de edad, solicita su colaboración.

Él dice ser buena persona, y alega que:

  • Dejó a su mujer embarazada antes de parir.
  • Se cuela en los velorios para tomar café gratis.
  • El padre le fue a decir sus últimas palabras en el lecho de muerte y le dijo "Shh, callate que estoy viendo el partido".
  • En el laburo lo odian, le dicen "sudaca gilipollas" todo el tiempo, porque va y escupe la jarra de la cafetera cada vez que puede.
  • Al vecino le manda al perro para que le cague el jardín, porque cada vez que sale a la calle el tipo le rompe las pelotas con que mire las azaleas.
  • Si puede, cada vez que tiene que ir a lo de su suegra le pisa el pasto con el auto.
  • Cada vez que el hijo le pide para salir, el le contesta que antes se vuelve necrofílico.
  • A la hija le espanta a los novios con una escopeta.
  • Aprendió chino solo para insultar a los chinos que se cruce en su camino.
  • Se acuesta con la mujer de su jefe. Y al jefe le dice que su mujer se acuesta con alguno de sus compañeros de trabajo.
  • Al perro le da de comer limón para felicitarlo. Y hasta el perro lo odia.
  • Cuando le regalaron un cuadro, él le tiró pintura blanca encima y dijo que así quedaba mejor.
  • Jamás dice las cosas de frente, las dice por la espalda.
  • Afila todos los días los cuchillos, en espera de su próximo yerno.
  • Se pinta los labios, y deja marcas en sus propias camisas sólo para pelear a su pareja.
Y cree firmemente que si le dejan una monedita en los comentarios, él no va a mejorar como persona, sino que va a tener la satisfacción de que estafa a los lectores.

  • Para colaborar con $5, deje un comentario.
  • Para colaborar con $10, deje cinco comentarios.
  • Para colaborar con $20, deje cinco comentarios y uno con OpenID
  • Para colaborar con $50, deje de leer esto.

Muchas gracias... :P

jueves 17 de abril de 2008

Escribime otro poema

Dime tu, si así lo quisieras
Que me entierre de cabeza en algo que no me gusta
Porque si he de saltar al vacío
Escribime otro poema

El amor es algo increíble
Que te hace hacer mil pavadas
He aquí mi queja
En caso de que quieras escucharla

Saltar al vacío no es tan malo
Pelear con la desdicha del amor sin corresponder
Porque se que tu me amas
Pero no me pidas lo mismo a cambio

Fácil es quejarse de que no te llamo
Ni de que no respondo los sms
Salir a darle de comer a los patos
Pero tal vez tu no veas algo

Que si me llamas 17 veces
A las 6 de la mañana
No me cae simpático
Me dan ganas de matarme

Por eso te digo
Si me pides que salte al vacío
Escribime otro poema

Prefiero suicidarme
Antes que verte, o volver a leerte
Que te quede claro

Chica de sábado

Lo bueno fue que la chica del sábado se trató de una cita verdadera, en el sentido de que no tuve que apelar a mi imaginación para ponerme en situaciones sino que las situaciones se dieron y pude sentir, al acercarme a ella, el olor particular que produce el miedo y que cualquier cazador sabe reconocer. Lo malo es que el olor emanaba de mí, de mi garganta haciendo glup al verla cruzar la plaza derecho a mi encuentro; de mis ojos que se esforzaban por salir de la vista de sus tetas; mis manos que se controlaban para no agarrarla por la cintura y acercarla a mis labios.
Y fue con mis manos la situación más clara en la que tuve que ponerme a prueba, porque si bien no se mandaron descaradamente a raptarla por la cintura para ponerla contra mi boca, sí arriesgaron un tímido abrazo, distraído abrazo, al terminar el café y ya encarar para la estación para que ella vuelva temprano y sana a su casa. Me puse del lado de la calle, como corresponde al caballero, y sin dejar de hablar empecé a rodear su cuerpo mientras yo temblaba por el temor a lo que pudiera pasar.
- No es necesario que me abraces, no tengo frio. -Fue su reacción, y mi mano izquierda se replegó en mi campera y yo quedé rumiando porque quedé enfrascado, con tapa y todo, y tal vez el próximo sábado el tiempo sea bueno y ahí si, no voy a tener excusa para pegarme un poquito a ella.

martes 8 de abril de 2008

Ese color que ahora llevas en tus cabellos

Ese color que ahora llevas en tus cabellos
neutro como azabache
duro como el rock;
me prende y me cuelga,
me deja tomado
ahí, en una esquina;
y ya recuerdo solo tu rostro,
tu cara enmarcada,
pero no expreso nada
porque por mas que lo quiera
sufro un susurro teñido sin voz.

lunes 17 de marzo de 2008

Pájaro de hoy

En el colectivo,
una fémina
abraza en sus manos
un libro, le hace un cariñito.
Lo sostiene en su anatomía
como cuidando al niñito
que hemos dejado
en el escaparate de los sueños.
Sueño azul.
Brota, y se funde en él,
y se duermen en lenguaje natal.
Vuelo azul.
Mientras se asienta en la tierra
la individual densidad social,
y flotan como melodías de cuna
las esencias que soplan
hasta las más imperceptibles grietas,
de la ciudad.

lunes 10 de marzo de 2008

Naranjo en flor

Tarde de otoño, las corrientes eran muchos
y las arboledas frecuentaban a las parejas solitarias
tras los focos
atormentados por la lluvia lejana que traian las tardes de marzo.
Los naranjos tiraban en rebanadas sus caricias
y los manzanos escupian las migajas del hombre que le quitaba su fruto;
naranjo en flor... naranjo en flor
era lo que guardaban los amantes
mientras bailaban entre las crujientes hojas...

viernes 7 de marzo de 2008

Siete de Marzo

Estoy resignado, otra vez, para variar:
y no son los chicos de Irak,
las prostitutas del Salvador
ni los nativos de Uganda los que me hacen:
es tu amiga, aquella que presentaste, que me pone mal.

La particularidad de mi amiga es que es especial:
le cuesta captar confianza
cuando decis tu intención
venís con el verso desnudo y sin luces:
es mi amiga, querido David, no serás comenzal.

Quiero mantenerme seguro,
atravezar la ciudad,
los días nublados y con inundación,
como quien ganó un aumento,
una ruta cortó.

Entonces no magnifiques,
son diez días de arroz;
luego llegará el diecisiete,
y bueno, si querés ser Ashcroft
tendrás que jugarla vos.

martes 4 de marzo de 2008

Damisela en sus cabellos

Desde niña solo pienso en la vida. Será la sombra de la damisela que concurrentemente ataca a mi realismo. Cuadra en cuadra se sitúa, consternada; solo se quiere llevar el paso de aquellos que no la imploran. El mar, su cómplice, alguna vez jalo mis pies hacia él con cierto desafuero, pero me dejo acá, para cautivarme con su belleza. Acercamiento tras Acercamiento, aún en esos instantes no la asimilaba.

Nunca la he visto en mi camino, siempre se ha escondido en la distancia como una verdadera cobarde, pero en mis pensamientos sus rasgos humedecen mis ojos, el pensar que siempre esta aguardando por alguien en mi sombra, me aterra .

Hay veces que simultáneamente se presentaba a varias ciudades de mis pasos.

Sus oscuras trenzas iban junto a los automóviles del destierro. En un hospital de esos que destruyen sueños, fue llegando cada victima de las circunstancias. Algunos la imploraban, otros la ignoraban , aunque el espejo de la verdad se ata como un siniestro pájaro anunciando su llegar... Ahí es donde los gigantes se forman en simples sacos de huesos y olor a tierra nacida descompuesta.

Me da pena que solo vivas a veces entre el frio de las calles , llevándote a los que duermen en su congelamiento. Sé que no serás eternas, solo deseo que te veas en un espejo y veas el reflejo de tu ardor, querida, respetada, lo que seas que causas en mí , no vengas ahora... No quiero ver mi vida batallando por tí, quiero besar tu perfíl, no sé, vete de aquí... Pero vuelve cuando necesite de tu angustia eterna y me dejes ver tus ojos, no dejes sentir tus brazos en la estrechez.

Comprendo que eres una dama, mi vieja corrompida, insensata e intrépida. No te he sentido todavía, pero cuando lo hagas duérmeme para no verte, para no hallarte... Solo vuélvete un misterio.


boomp3.com

sábado 9 de febrero de 2008

Algunas chicas prefieren dormir solas


Los verdaderos problemas

Prefiero mil veces morir despierto, con la pena de ver a todos llorar por mi partida, a que me refriegues tu asco por la cara: un asco caliente y húmedo que sabe bien pero deja mal aliento; aliento a sexo en la mañana, lejos de ser bueno porque me roba el dormir -y dormir panza al sol es lo que más deseo.
Hoy escapo una vez más, pero no completamente: prefiero aún no irme del todo, dejar aunque sea un pie pisándote. Si no fuera por la carga parental de estas líneas, las sucesivas y posteriores, todo habría terminado. Pero, por suerte, estás buscándo un padre estos días.

El amante

"Yo te maldigo", le grité con toda la saña contenida: "maldito flaco rubio, me cagaste. Por segunda vez".
A ella me la robaste sin que me diera cuenta, pero por suerte mis hierbas hicieron justicia y a tu estafa de camello le metieron el perro.
Luego trataste de hacer crisol y por tus estudiantes vendepatria lo conseguiste. Yo me resigno, por el momento.
Mi venganza será matarte, en el mismo momento en que asesine a mis esposas, treinta y cinco esposas en mi cuenta, mañana muchas más.

Historias de las castas

Tres generaciones sin adoptar hombres. La condena era firme y se prolongaba de gameto en gameto. Ahora la maldición podría romperse, quizás no.
Escaparé. Soy el maldito. Brujo condenado a la tierna hoguera, a abrazarse a las flamas, a llorar por lo efímero de las llamas, a embarrar sus lágrimas con las pocas cenizas que queden.

Algunas chicas prefieren dormir solas

Porque asqueo, porque no les gustan mis artes.
Duerman, duerman, princesas. Ya llegaran vuestros principes patriarcales que las raptaran al estilo gitanoide y con modales persas las azotarán si osan volver por mis pasos.

Tonta o tanto

"Andate", me dijiste y yo me asuste, tonta -o tanto que me escondí detrás de vos.

Currinches

El ajedrés en un juego muy, muy, común. Negra, esto no es para vos, que solo sos una ficha más para el populacho, pero para nosotros los blancos rusos, Reina, podés matarnos.
Cartas de amor.

Enviados especiales

De algún modo mi pene tendrá que entrar. Mintiendo mil veces; llorando quinientas; blasfemando tu vagina; vomitando entre tus labios; riendo por la exposición.
Algunas cosas lástiman, lastima que nos demos cuenta siempre muy tarde, cuando ya volvío la luz y el reflejo fantasmal se pierde en las sombras.

Patrañas

"Aquí estamos otra vez, sin nada nuevo que decir, solo egocentrismos, narcisismos, nombres propios. Tu alma es igual a la mía, pero yo pagué el premio al Diablo, ser mayusculo, suertudo acaso, que cometiendo cosas, es Amo y Señor en el Infierno, parte indiscutida del Mundo de tu Dios".

Baliza

Podés accidentarte amor, sufrir los cambios de la sociedad. Y vas a necesitar una mano ya que por más orgullo que hayan puesto mamá y papá sobre tus espaldas, 'ayuda' se te va a volver suplica.
No podré cambiarte la rueda pinchada, pero por lo menos voy a evitar que otros te choquen -y mi cuerpo macerado, después, intentaré que lo sanes.

Alter ego

¿Estoy loco por saber que solo con mis iniciales puedo ser más que cualquiera? Me romperan las nariz, perderé mi hermoso perfíl, pero estoy pegado a tu pedestal.

¡Abelita...

... Cuidado!

Lo creo porque es absurdo

Así se va desarrollando mi vida, bien sabrosa, bien papal. Yo, que solo soy un hombre, reniego de estos dos ojos que Dios me dió.
Me los saco, los pisoteó, con fuerza y los odio, odio, odio.

De pueblo bárbaro

Ah, con razón estás tan buena.

De la misma harina

Con que preparás mi comida poscenal, quiero que me hagas mis sopas -ricas y nutritivas sopas- y también los escones primaverales, esos que se toman en el porche con mate, mientras se saluda a los vecinos.
No convido.

Todas hieren, la última mata.

Por eso sos mi última mujer. No uses dagas.

Blasé

"Realmente, nos, las autoridades, estamos desconcertados. No sabemos hacia adónde apuntar. Quizás el loco este estaba buscando un record. Si es así, le queda poco, porque su prole no es mucha y en cualquier momento lo vamos a pasar".

Cliché

Así soy yo, un lugar común. Por eso te pido que no me busques, que no me quieras, que no me ames, que no me odies, que no me mates.
Ahora andate sonriendo y sacándome la lengua entre tu hilera de dientes.

Las 24 hrs. Las velas arden, pongo las manos en el fuego.

Mi amigo David me escribió esta carta para que te la entregue con mi firma:

Las veinticuadro horas pienso en vos, lo sabés. Eso no es muy bueno para mi salud. El otro día te esperaba para que pasemos una noche muy romántica. En el horno, milanesas (gran esfuerzo para mí). En la habitación Claro que si y luz ténue de velas aromáticas.
Llamaste. No venías. Me quemé.
El médico dijo que tengo que pensar más en mí. Vení y poneme curitas.

viernes 25 de enero de 2008

Al Servicio Secreto de su Majestad



En la película homónima, James Bond -aquel agente secreto digno de imitación, pero no por servir a ojos tapados a un poder imperialista, sino por su correcto modo de tratar a la mujer-, se enamora. Todos ya saben a esta altura de la saga, que James Bond, interpretado en ésta ocasión por George Lazenby -a mi modo de ver, el mejor James Bond luego de Sean Connery, aunque tal vez me influye en ésta determinación que actuó en la mejor película de James Bond junto con "Desde Rusia con Amor"- es un agente británico y por lo tanto agente de la corona -ya pasaron cinco películas-. O sea, no está más "al" servicio secreto de su Majestad (Majestad por la Reina inglesa, claro está); en todo caso, si la película se llamara "En el Servicio Secreto de su Majestad", podríamos aventurar ésta hipótesis, pero no es el caso: aquí se llama "Al Servicio Secreto de su Majestad". Y no es que haya un error en el título del film, porque lo que se quería poner en evidencia, es que, mientras todos saben su vinculación con el MI6, nadie sabe sobre su relación amorosa con la Condeza Teresa di Vicenzo (interpretada por Diana Rigg, ¡qué mujer!). Y será Teresa quien pase a ser su Majestad, James va a noviar secretamente con ella -bueno, sobre el final, se descubre, cuando llegan a la fiesta de invierno y tienen que escapar.
Antes de intentar seguir los caminos del 007 buscando mi propia Majestad a quien servir, deberia haber sabido de ante mano: Teresa muere y James se queda con el sabor de la impotencia en los labios.
Si hay algo que nos hermana con Bond, es que nuestras relaciones están condenadas al fracaso.

sábado 22 de diciembre de 2007

Yo te voy a extrañar

Yo te voy a extrañar,
de verdad, te voy a extrañar;
soy una piedra de que se desprende de otra
un momento antes de que esta se haga polvo
bajo el peso de una fuerza colosal

Pero te voy a extrañar,
de verdad, te voy a extrañar;
tu polvo densa el aire
y mi piedra cae más lento ya.

miércoles 12 de diciembre de 2007

Ser-pien-te

No puede ser,
me abandonaste definitivamente;
ni un mensaje, ni un llamado,
ni una visita, ni una pintada en el frente.
¿Por qué dejar a David tirado?
¿Por recorrer nuevos rumbos
de la mano de quien ya estuvo tu cuerpo agarrado?
Andate entonces y no vuelvas,
volvé rumbo a tus pagos,
que yo voy a releer estos libros
que ya tengo mil veces llorados.

miércoles 5 de diciembre de 2007

Más fragmentos de la novela

Algo sucedió el sábado. Estaban en una fiesta, la alegría rebalsaba de cerveza y un aura de energía y juventud era el espíritu que los acababa por definir. Cuando la vio, se paralizó. Sabía que en algún momento habría de llegar, pero no esperaba que lo hiciera tan de repente, y agarrándola así de inadvertida como lo estaba en aquel momento. En la mano de Malvina, una botella de cerveza despedía gas y frescura, hasta que ingresó en su boca y Tamara la vio beber así, como antes se había bebido toda su saliva: sin una gota de desprecio. Se le acercó, y con sus brazos, según ella, trabajados, le quitó la capucha. Miró a través de sus ojos y supo que la amaba como nadie antes lo había hecho. Malvina se rió. Tamara también quiso reírse, pero sólo pudo recordar sus traiciones, que hicieron el espanto de sus días presentes.
Apenas Malvina se dirigió hacia ella, pronunció su nombre (“Tamara”), la agarró de la mano, dijo las palabras mágicas y ya estaban de nuevo viviendo una perfecta unión. Pensó, quizás, en que podían ser amigas. Le sonaba raro, pero lo creyó posible en esa situación. Mientras se relajaba, Malvina se dejó llevar por su sinceridad y le dijo cuánto la extrañaba, cuánto creía en ella. Ahí fue cuando Tamara supo que estaban conectadas: le habló del sentido de la vida, de todo aquello que había pensado ella esa mañana, antes de verla, y juntas, casi a coro, llegaron a la misma conclusión: aquel íntimo y compartido deseo de escribir. Asistir a la escritura como un ritual, como un proceso. Como un puro (y único) sentido de la vida. Se abrazaron. Malvina recordó los regalos que Tamara le hacía: poemas, poemas, poemas. Poemas escritos a mano, poemas en la computadora, en la máquina de escribir. Poemas, poemas suyos, de sus poetas favoritos. Poemas que arrancó de las hojas de sus libros para regalárselos a ella. Los amaba. Les ponía cinta scotch en los bordes y se los pegaba en el pecho. Mirá, mi amor, decía, ahora los llevo en el corazón. Tamara la besaba. Los momentos de felicidad eran tan enormes como los de tristeza. Con ella todo era extremo: a todo o nada. Y Tamara estaba segura de que siempre le gustó la velocidad.
Ella era su vértigo. De no haber hecho nada por varios años de su vida, pasó a arriesgarlo todo por ser la única mujer que babeara las sábanas de Malvina durante eternos meses, incluso años. Sus tazas de porcelana llevaban el sello de sus labios. Sus chicles, la basura natural de su departamento. Cada noche no era noche sin sus vestidos colgando de la silla de su escritorio. Sus huellas digitales en el control remoto de su televisor. Toda Tamara, despedazada, adentro de su casa.

jueves 29 de noviembre de 2007

Tarde de sol por acá

¿Qué refrigerio buscás
en la nueva curva que se empina?
¿Saltar desde un bote,
hacerte pis,
pegar calenturas?
Las nubes pueden ser rosadas,
como en tus sueños,
pero sólo si volvés a la tardecita,
por la autopista,
rumbo al Oeste del Gran Buenos Aires.

domingo 25 de noviembre de 2007

Otro capítulo: Sexilia

Conoció a Sexilia en una fiesta de artistas, en la casa del diseñador famoso Kevin Keinth. Sexilia se servía una copa de vino tinto cuando Tamara pasó a su lado y la reconoció. Le sonaba de algún lugar, pero no sabía bien de dónde. Se quedó unos segundos observándola, tratando de descifrar de qué sitio había retenido su rostro, tan particular y bello. Nada vino a su mente, por lo que siguió bebiendo champagne y bailando la música de un dj decadente que excitaba a los comensales con temas de Donna Summer y Marianne Faithfull, a pesar de lo extraño de la mezcla.
Sexilia conversaba animadamente con una pareja de travestis que salían a menudo en la televisión. Se reían y comentaban acerca de cómo asustar a la gente cuando salían a la calle montadas: es decir, súper producidas. Sexilia recomendó usar tacos con medias arriba. Las travestis se exaltaron, aplaudiendo alto esa idea tan “genial” que había tenido. Tamara oyó los gritos y se dio la vuelta: al ver a Sexilia desmayada en risas y a las travestis excitadas, decidió ir a pedirles que le prestaran un lápiz de labios, ya que el que llevaba puesto se le había corrido a esa altura de la noche. Una de ellas, Yayi, le facilitó el suyo. “Pásatelo a fondo, guashona”, le dijo, queriéndole explicar que le quedaría bonito resaltar su boca. Le preguntó si era chilena. Pero no, Yayi y su amiga Fauna eran de Madrid. Sexilia también lo era. Ahí pudo unir las piezas: Sexilia, la chica que recorría el mercado central fichando hombres para llevarse a la cama. ¿Era acaso la misma, la ninfómana hija del creador de la inseminación artificial? Efectivamente. Miró sus ojos y reconoció a la jovencita blonda que cantaba en aquella mítica agrupación española llamada “Las ex”. Era perfecta, divina. Tamara no dudó en hacer un comentario al respecto:
- Te parecés a Sexi, la líder de una banda que…
- Yo soy Sexi, la interrumpió. Bueno... además de ser sexy, me llamo Sexilia, bromeó, con un juego entre sensual y provocativo que terminó de encender a Tamara.
- Yo no sé si soy sexy, pero de todos modos creo que alguna vez me he puesto tacos con medias arriba, para salir a caminar por ahí…
- ¿Ah, sí? Entonces has cumplido una de mis fantasías, dijo Sexilia, sorprendida pero calma, ocultando su deseo de saber más acerca de ella.
- Creí que vos ya lo habías hecho, ¿te gané de mano?
- Sí, qué cosa extraña, no me había pasado antes…
- ¿Qué cosa? Preguntó Yayi, metiéndose en la conversación.
- Que alguien cumpliera mis fantasías antes que yo. Siempre pensé que éstas eran únicas, sin embargo, tú... ¿Cómo es que te llamas?
- Tamara.
- Tamara, me ha demostrado que no es así. Deberíamos ir a tomar algo una de estas noches, ¿no te parece?
- Podría ser, Sexi, si es que me dejás llamarte de esa forma…
- Por supuesto, coño. Ya somos amigas.
Y guiñandole un ojo se retiró en busca de otra botella de vino, uno suave y añejo, merlot cosecha 1963.
Yayi y Fauna, conventilleras como toda travesti de barrio, advirtieron a Tamara acerca de las intenciones de Sexilia. Decían que ella ya no andaba con hombres, que ahora se dedicaba exclusivamente a las mujeres. En realidad, subrayaron, en este momento, más que nada, sólo estaba pendiente de las drogas. Cojía con quien fuera por conseguirlas, pero si era mujer, tenía prioridades. “Es una lesbiana”, concluyeron, y Tamara, con una sonrisa astuta entre los dientes, les contestó que entonces mucho mejor, ya que ella también lo era. Yayi y Fauna le sonrieron amablemente y le desearon buena suerte, vislumbrando un panorama amplio del futuro entre las dos.
Minutos después, Sexilia regresaba al lado de Tamara. Tomaron la botella entera y Sexi le propuso ir a su departamento. No supo si acudir, el recuerdo de Malvina reflotaba en su mente como un fantasma que nunca se había ido del todo. Pero una señal adentro suyo le decía que algo distinto habría de ocurrir si pasaba esa noche junto a Sexilia.
Cuando llegaron a su casa, se tiraron en el sillón y apagaron las luces atropelladamente, como si la furia del deseo las consumiera por dentro y tuvieran que expulsarla rápido, antes de que se agotase la borrachera, también, que además impulsaba la sangre con fervor a la superficie del cuerpo. Sangre y piel, la forma que el sexo tomaba al fluir por los cuerpos, derritiéndolos de tanta presión y latidos, que cada vez aumentaban más su velocidad debido al efecto del alcohol. Así sintieron los huesos apretarse, las válvulas de sus clítoris estirándose con violencia al tomar contacto con el movimiento de las piernas, lo que se traducía en un ardor paulatino, pero que no cesaba ni lograban aflojar. La respiración se esfumaba en grados cada vez más altos, y esto las obligó a someterse a la ruptura de la comodidad, un vértigo que desembocó en una exhausta acabada que, placenteramente, terminaron por disfrutar.

martes 20 de noviembre de 2007

La cosa que mora bajo la luz del sol

Paredón, agazapado detrás de un gran tocón, sumergido en la sombra de los laureles que lo rodeaban, observaba lo que sucedía al otro lado de la calle. Ese templo era uno de los pocos templos que quedaban en secreto en esa zona oscura que se extiende en la periferia de la ciudad, región nombrada por muchos como Gran Buenos Aires y de la cual solo unos pocos iniciados saben su verdadero nombre. El templo era igual de misterioso que la región, y era conocido por nada más que por los vecinos adyacentes, que guardaban silencio ante los gritos y sonidos que, juraban, provenían del gran patio, ese patio situado a un costado del edificio principal -una casa construida en el siglo pasado, en la época de las cooperativas de vivienda-, un patio al aire libre, bajo las estrellas; y paredes de tres metros junto con medianeras de dos metros y medio, con botellas rotas prendidas en el cemento, alineadas a lo largo de la fila de ladrillos superiores, que lo separaban de la vista y entrada de los no adentrados en los misteriosos ritos que allí se practicaban.

Las vecinas cuchicheaban que el lugar era maldito; y no tanto por lo que sucedía de noche, que debía de ser horroroso de ver también, sino porque una vez que se retiraban los acólitos, llegado el amanecer, el lugar continuaba poblado de algo, bastaba aguzar el oído para escuchar pasos, ruidos y carcajadas grotescas, indicadores de que allí moraba una corrupción que no retrocedía siquiera ante el sol y sus asociaciones con lo limpio, lo santo.
Paredón miraba, con ansiedad y un poco de temor también. En unos minutos comenzaría la ceremonia, la interminable ceremonia que noche tras noche se sucedía cuando los Santos bajaban. Numerosas leyendas urbanas hablaban de seres de otro plano llegados en ceremonias y ritos primigenios que escapaban a los cuerpos que debían contenerlos o se adueñaban de estos y luego vagaban por las calles, en las horas nocturnas, buscándo incautos.
Los acólitos llegaban, golpeaban la puerta, ésta se abría sigilosamente y la cabeza del siniestro Pai, un hombre enjuto, con pequeños ojos y tantos pliegos en su piel que estos hablaban de su edad como los surcos de un tronco revelan los años de vida de los árboles. Se contaban muchas historias sobre este hombre: que había venido del Brasil; que había venido del corazón de África; que había venido de las Antillas; o que su espíritu había corporizado en Brasil; que había corporizado en el corazón de África; que había corporizado en las Antillas. Y este hombre, luego de intercambiar palabras con los miembros de la secta, decidía quién pasaba y quién no. Aquel que era rechazado, por lo general pobres diablos sin dinero, se retiraban cabizbajos, con el paso rápido, para perderse en la oscuridad de la que habían salido.
Una vez ingresados todos, el silencio invadió el templo. Paredón trató de contener la respiración, para poder escuchar; así, por unos minutos sólo resonó en sus oídos el latir de su corazón, hasta que los golpes se hicieron más fuertes y ahí se dió cuenta que, armónicamente, los atabaques y ngomas habían empezado a sonar. El ritual había comenzado.
Saltó del lugar en que permaneciera oculto y rápidamente cruzó la calle, saltó frente a una de las paredes que rodeaban el patio y sosteniéndose de los ladrillos que sobresalían en lo más alto hizo fuerta para asomar su cabeza y poder contemplar lo que ocurría.
Una choza en medio de un círculo de ofrendas; un círculo de velas rodeándo las ofrendas; y los acólitos rodeándo todo, recitándo una letanía con una palabra de un idioma más antiguo que el yoruba, idioma surgido quién sabe en qué oscuros orígenes.
El Pai entró al círculo, se acercó a la choza y golpeó. La puerta se abrió y la Mai se presentó. Paredón tembló y estuvo a punto de caer ante la belleza de la Mai, pero exhaló un suspiro y se mantuvo. Es que la Mai no era como las demás sacerdotizas; ella no vestía las largas polleras, la ropa floreada, sino que llevaba un provocador vestido negro que dejaba sus piernas y su escote a la vista; ella no era gorda y sin gracia, sino que tenía una figura estilizada, su rostro era violentamente hermoso y acorde a la exhuberancia de su cuerpo.
El Pai rabió por dentro: era muy celoso. A su edad, estar con una mujer asi era más de lo que podía pedir, e iba a estar eternamente agradecido a los Santos por concederle esa gracia o la gracia de tener el dinero suficiente como para que esa mujer se mantenga a su lado. Y por supuesto, verla asi, tan ligera de ropas, lo enfurecía. Pero los dioses no comprendían esto, y la única forma de que la terrible Pompa Gira entrara en el cuerpo de la Mai era recibirla con la vestimenta que merece tan terrible espíritu superior. Asi que hizo las señas correspondientes, articularon sus labios las frases correspondientes, y la Mai hechó la espalda hacia atrás, el cabello colgándole. Los acólitos destaparon varias botellas de vino y agitándo las botellas salpicaban a la mujer, mientras la letanía que no habían dejado de repetir sonaba como un grito y los instrumentos que no habían dejado de percutir aceleraban sus golpes y su intensidad.
El Pai comenzó a bailar, agitándo su cuerpo, moviéndo sus brazos sin ningún orden, y luego, de a poco, la Mai se incorporó, y lentamente empezó a agitar su cuerpo y a mover los brazos sin ningún orden; y se puso a bailar con el Pai, que gritaba en un idioma incomprensible que la Pompa había llegado, que echaba bendiciones sobre todos y sobre él.
Pero tan súbitamente como había bajado a la tierra, la Pompa paró su danza en seco. Lanzó un alarido, arañó la cara del Pai y corrió a la choza: la ceremonia había finalizado. Rápidamente los pies comenzaron a moverse, a huir, porque nadie quiere ganarse la furia de un Santo. El último en salir fue el Pai, que lo hizo cerrándo con doble llave la puerta tras él.
En ese intérvalo, en que el Pai y los demás salian, Paredón volvió a ocultarse entre las pocas sombras que aún quedaban antes del amanecer. Una vez que vio como todos se fueron, que la cuadra estaba despejada, volvió a acercarse al muro. Se sacó la remera, la sostuvo con sus labios, escaló la pared, y usó la prenda para tapar los pedazos de vidrio y poder pasar sano al otro lado. Había quedado en cueros, pero valía la pena si lo que quería era penetrar en los misterios del templo.
Caminó hacia la choza, tomó una botella de vino de las ofrendas, la destapó y sorbió un trago para darse valor. Su mano estaba por empujar la puerta, pero no pudo hacerlo porque se abrieron desde dentro: la Mai-Pompa Gira saltó sobre él.
- ¡Paredón! Te extrañé. -Dijo la mujer para luego morderle los labios.
- No se iban más, hoy tardó más de lo habitual.
- Pero no importa, ahora tenemos hasta la noche, y comida y bebida gratis, como siempre.
Volvieron a besarse, e hicieron el amor, y corrieron borrachos por el templo, lanzando gritos y carcajadas grotescas; y las vecinas temblaron por la cosa que moraba aún bajo la luz del sol.

viernes 9 de noviembre de 2007

Otro fragmento de mi novela

Así iban a dormirse las noches de lluvia en otoño. Era abril. Esa cita consumada en los brazos de Malvina era para Tamara la condensación del paraíso. La llevó a su departamento de la mano. Caminaron juntas por la calle mientras finitas gotas inundaban la ciudad. El vestido de Tamara era de gasa transparente, negro y con lentejuelas. Los ojos de Malvina se iluminaban al verlo. Cuando llegaron, su piel se erizó. Durmieron en el piso. Tamara esperaba encontrar todo en su lugar, tal como lo había dejado la primavera última: la cama contra el ventanal, la computadora al lado del pequeño sillón, la biblioteca enfrente del teléfono. Pero Malvina había mutado su casa por completo. Ahora, reposada en el suelo, Tamara tenía los sueños más hermosos. Las manos de su amada la acariciaban por debajo de las ínfimas sábanas celestes en las que descansaban mientras la lluvía caía, impiadosa, detrás de las persianas de aquel monoambiente. Su perfume era extraño, intenso pero diferente. Malvina se detuvo en su clavícula para respirarlo y, luego de una profunda inspiración, dijo que era maravilloso. Le preguntó cuál era y confesó, risueñamente, haber mezclado colonia de bebés con una fragancia italiana de importación. Malvina sonrió y dijo, también podrías usar perfume para adultos.
Todo era hermoso en los meses de abril y mayo. El amor era real, no película para adolescentes. Los besos, la cama abierta, las siestas frente al televisor. Los cafés mal hechos debajo de las nubes que tapaban el sol. Pero para Tamara y Malvina el sol brillaba. El día era noche y la noche era la consecuencia del cansancio de amarse insaciable, irrepetiblemente, como si cada vez hubiese sido única, innombrable, irrealizable. Y amanecer juntas era el capullo de una flor que no había nacido, sólo porque no sabían todavía (ni querían) verla crecer. Deseaban eso, la inmovilidad de los días, la instancia que no permite un después. El ahora, el ya, el para siempre.
Malvina se dedicaba a fabricarle a Tamara nuevas fantasías cada cuarto de hora. Conseguía películas raras, antiguas, de otras épocas. Piezas asombrosas de grandes colecciones. Tamara podía fascinarse por horas y horas escuchándola hablar. Sus relatos eran lecciones de vida para ella. La amaba en oraciones largas e intrínsecas que escondían no sabía bien qué cosa pero que la volvían loca, frenética. Era el espectáculo de su exaltación cuando se le iba la boca hablando de literatura, de bandas favoritas, de sus escritores de cabecera. Tenían un cajoncito donde guardaban poemas suyos, de Tamara y de sus artistas más queridos. Malvina los sentía su familia. Mientras se bañaba, Tamara revisaba el cajón y encontraba alguna sorpresa rusa, como un poema de Pushkin jamás revelado o un tesoro de Nabokov escondido tras unos sobres que contenían billetes europeos. Su casa era una caja de Pandora que no cesaba nunca de expulsar novedades que la hacían explotar de magia, de ganas de treparse al cuello de Malvina para no soltarla jamás.
No tenía miedo a que cambiara. Vivía suspendida de una ilusión que ella misma le alimentaba día a día, y, tal vez, esa había sido la única razón por la que continuó a su lado. Pudo, sin querer, entender a Úrsula cuando se arrastró hacia lugares insospechados por su amor. Era algo inagotable.
Sus tardes de domingo habían cambiado su carácter. Ya no se encontraba deprimida, cansada, aturdida de tareas postergadas. La misma mujer que la había rechazado meses atrás hoy era la única que podía hacerla feliz. Sus llamados al atardecer eran necesarios para continuar sonriente durante el resto del día. Su aplacada voz del otro lado del teléfono y la encantadora risa de Tamara encajaban tan bien que ya no podían imaginarse otro futuro más que el corriente, el de seguirse la corriente. Enamorarse. Creer en que estaban enamorándose. A través de una mirada, de un gesto, de una palabra que no se animaban a decir. Malvina tenía inhibiciones que Tamara comprendía, naturalmente, a raíz de anteriores relaciones. Su historia era larga y compleja, mucho más compleja que la suya. Ella le daba la electricidad que le faltaba para realizarse. La necesidad de cuidarla, de devolverle todo ese amor que le hacía falta para estar completa, llena de sí misma.
Creyó en Malvina durante dos años, sin pausas ni alivios. La ahorcó con su poder hasta el punto de ahogarla, y recién ahí pudo reaccionar. Todo lo anterior quiso gozarlo tanto que se olvidó de sufrirlo, de reprochárselo. Se acostumbró a su locura y ésta se volvió un lugar común. No podía distinguir entre la cordura y la contradicción. Sus idas y venidas las leía como un vaivén de sensaciones, no como los signos de un desmoronamiento sentimental. La incapacidad. Supo que había dado todo, a lo que Malvina había respondido con nada.

Fragmento de una posible novela

El pasado de Tamara revelaba un holograma de circunstancias vividas años atrás en la búsqueda incansable de Malvina, durante el verano de ese año perdido, en vano. La casa de Lola, Rita y Julián los recibió a ella y a Victor como a dos pimpollos a punto de nacer. Se sentaron a la mesa con otros amigos desconocidos y cenaron casi en silencio. Lola llegó más tarde con Florencia, ambas muy sueltas de ropa debido al extremo calor que hacía en Buenos Aires. Por ese entonces, a Tamara, el amor se le aparecía como una imagen lejana, nutrida de esperanzas que se desvanecían a medida que pasaban los días. Miraba a Lola tirarse en la cama en zapatillas luego de una larga jornada dedicada a fotografiar jóvenes para una revista de moda, y pensaba en el estancamiento de las cosas. Lola abrió los brazos y bostezó, estirándose en el colchón, elástica, desenvuelta, algo que, particularmente, la caracterizaba. Sus labios al natural lucían más bellos que los de cualquier mujer maquillada; su cabello era ondulado, negro, caída perfecta. Su frescura opacaba a Florencia.
Se acomodaron y tomaron un vaso de cerveza, riéndose de chistes internos que, por supuesto, ni Tamara ni Victor entendían. Julián permanecía callado, penetrado por la dulzura de Rita, quien lo cautivaba sin terminar de admitirlo, temiendo el dolor de Priscila por el engaño de su novio y su mejor amiga. Lo que se evitaban Rita y Julián era tan palpable que era imposible no darse cuenta del amor que sentían. La cena fue amena. Sin embargo, Tamara leía en los dientes de Lola el deseo de evocar a Malvina. En realidad, no estaba segura de estar leyéndolo o de si, verdaderamente, Lola quería mencionarla. Podría decir, ahora, que era su deseo de saber acerca de Malvina el disparador de un montón de sensaciones que se le presentaban, una tras otra, esa misma noche. No podía olvidarla. Habían pasado meses de aquella primera pelea y Tamara seguía sintiendo un amor iracundo, violento, interminable, casi obsesivo: la imperiosa necesidad de encontrarla para explicarle sus sentimientos. Pero Malvina no daba señales. Ni un rastro de ella, en un vaso, en una habitación, en los archivos de la computadora de Lola. La cabeza le estallaba. Quería gritarlo todo. Florencia reía mientras bebía una copa de vino y Tamara continuaba su sonrisa, como para contrastar su revolución interior.

miércoles 7 de noviembre de 2007

Dudando regresar

Cuanto te diga "largo de aquí",
comete tus sonetos y tus fotos del mar;
cambia tus dólares por pesos,
encende mi mecha,
robot hojalatero;
pájaro cuidanidos crece con la leche;
se fue por determinación mía,
que no necesito robar abrigos
ya que llegaron los calores y podrá refrescar;
y más acá o más allá
ella está parada sobre la avenida,
dudando venir,
dudando regresar.

martes 6 de noviembre de 2007

Tu novia está aturrada

Tu novia está aturrada
porque yo me la encamé,
disfruta una cerveza
del cigarro no es la pose, sí el placer;
es que probó el amor devoción del cerdo,
incluso su sangre besé;
y todo eso, querido mío,
no es lo mismo que vos le dés.

viernes 28 de septiembre de 2007

Los objetos de imitación

Los objetos de imitación son las acciones de los hombres y estos hombres pueden ser de carácter moral elevado o bajo. Las variedades del carácter moral derivan casi siempre de ésta diferenciación puesto que la línea entre la virtud y el vicio marca las diferencias morales, y ésta imitación resulta a veces mejor o peor de lo que es el hombre en la vida real o bien en algunos casos, semejantes a nosotros según sea el autor. Tal es el caso de Polignoto, quien representaba a sus personajes como seres superiores a nosotros; Pausón, en cambio, los mostraba peores; mientras que los de Dionisio eran tales como nosotros somos. Es claro que cada una de las formas de imitación a las que me he referido son distintas, y ellas se diferenciarán entre sí conforme a las diferencias de los objetos que representan. Estas diferencias podemos encontrarlas aún en la danza y en el arte de tocar la flauta y también en el lenguaje sin acompañamiento musical, ya se trate de la prosa y el verso. Los personajes de Homero, por ejemplo, representan a los hombres mejores de lo que son; los de Cleofón los representan tal cual son; los de Hegemón de Taso, primer autor de parodias, y Nicóxares que escribió la Deilíada, los representan peor de lo que son en verdad. Lo mismo rige para el ditirambo y para el nomos; aquí los personajes pueden representarse en ambos casos con la diferencia expresada en los Cíclopes de Timoteo y Filoxeno. Esta diferencia es asimismo la que permite distinguir a la tragedia de la comedia: esta última pinta a los hombres peores de lo que son; aquella, en cambio, mejores de lo que son en la actualidad.
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que cualquier otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia. Hay que tener en cuenta que para dirigir el tránsito, hoy suelen utilizarse luces de colores: rojo, pare...; verde, prosiga...; amarillo, atención, que habrá un cambio de luces... Sigue tu camino sin mirar atrás, no busqués la calma, no existe la paz; revelate a la pereza y al destino... El baqueano anuncia también la proximidad del enemigo, esto es, diez leguas, y el rumbo por donde se acerca, por medio del movimiento de los avestruces, de los gamos y guanacos que huyen en cierta dirección. Cuando se aproxima, observa los polvos y por su espesor cuenta la fuerza: "son dos mil hombres" -dice-, "quinientos", "doscientos", y el jefe obra bajo ese dato, que casi siempre es infalible. Si los cóndores y cuervos revolotean en un círculo del cielo, él sabrá decir si hay gente escondida, o es un campamento recién abandonado, o un simple animal muerto. El baqueano conoce la distancia que hay de un lugar a otro; los días y las horas necesarias para llegar a él, y a más, una senda extraviada e ignorada, por donde se puede llegar por sorpresa y en la mitad del tiempo; así es que las partidas de montoneras emprenden sorpresas sobre pueblos que están a cincuenta leguas de distancia, que casi siempre las aciertan.